La educación a lo largo de la historia a sido cómplice de la evolución y transformación
tanto del ser humano como de la sociedad, lo cual ha permitido avanzar y crecer en
diferentes dimensiones. Sin embargo, hoy en día sabemos que ya no es un secreto que el
sistema educativo ha enfrentado y enfrenta diferentes dificultades y retos que de alguna
manera limitan negativamente el proceso educativo para aprovechar y maximizar las
diferentes potencialidades en base al conocimiento y virtudes de cada persona.
Es pues el sistema educativo que ha quedado atrapado en el tiempo, y que hoy en día, actualmente, no está funcionando. Ya que está preparando personas para salvarse quien pueda, haciendo futuros ciudadanos indiferentes respecto a las injusticias sociales y poco o nada solidarios. Pepe Mujica, expresidente de Uruguay, manifiesta que la educación en el mundo está en crisis, puesto que no encaja demasiado al presente con las exigencias del hombre contemporáneo.
Una de las problemáticas es la que se desarrolla dentro de la misma escuela, respecto a sus propios métodos que se imparten, los cuales persisten en un sentido vertical, predominando más lo teórico-educativo alejándose de la realidad o de la vida misma. Frente a esta fragmentación y poca o nula relación entre escuela y sociedad es necesario preguntarse ¿Existe alguna dimensión pedagógica que se centre en una educación de y para la vida?
Sabemos que existen diversas concepciones y aportes en cuanto a dimensiones pedagógicas para hacer posible los aprendizajes significativos y el desarrollo integral del educando. Pero muy poco son las que se centran básicamente en una educación prácticosocial y que sus enfoques no están en la realidad. Y es que muchas veces hemos escuchado esta frase típica” lo que me enseñaron no me sirve para la vida”.
Pero existe una reciente dimensión que facilita los procesos de aprendizaje conocida como la Biopedagogía, entendida por Varela (2000) como la vinculación del conocimiento a la vida por medio de la conciencia del ser vivo, es decir, de sentir, de percibir, de emocionar y de razonar que nos permite construir mundo y que se enmarca en la Teoría de Santiago. La teoría de Santiago tuvo su origen en el estudio de las redes neuronales, donde el nacimiento de lo cognitivo es gracias a los procesos de la vida, cuya relación esta inmersa en la interacción de los seres vivos con su entorno, por lo tanto, los sistemas de aprendizaje son considerados también un sistema vivo. (Mesa de palabras, 2009).
Según Medina (2017), indica que la biopedagogía “es un aprender de la vida y vivir aprendiendo. Es una relación dinámica y creativa entre el vivir el aprender de los procesos y las comunidades en contextos concretos”, siendo así podemos entender que ésta es una nueva dimensión que se visiona en una educación no para en enseñar sino para aprender, es decir; trata de reconceptualizar el sistema educativo utilizando nuevos métodos de inter-prendizaje, interdependencia, y transformación, con el fin de crear ese vínculo entre el conocimiento y la vida, ayudando siempre a buscar la responsabilidad y felicidad, apoyados en la biología del amor.
Por otro lado, Najmanovich (2016), analiza que la modernidad de hoy en día, ha abandonado o no está tomando en cuenta el cuidado de la naturaleza o el medio ambiente y por el contrario está caminando hacia el egoísmo, dolor, sin tomar conciencia en las consecuencias que sus causas- efectos pueden ocasionar. Son una especie de zombies, que dejan de lado el verdadero sentir, razón y expresión para poder actuar y construir una sociedad basada en la democracia teniendo en cuenta la realidad a través de la vinculación de aprendizajes con las prácticas cotidianas.
Uno de los ejemplos que podemos observar hoy en día es la formación que se da a los futuros profesionales, donde en gran parte se pone al alcance de un mar de información, pero lamentablemente es casi nula la orientación que se les da en cómo poder aplicarla y más aún que dicha formación cuando se enfrenta con el mundo o su realidad es completamente diferente, tal es el caso que en la escuela se habla de justica, amor, honestidad, pero en la sociedad se muestra lo contrario, injusticias, odios, corrupción, etc.
De ahí que es muy importante que, tanto la escuela y la sociedad no se encuentren divorciadas, por lo contrario, deben estar comprometidas, forjando escenarios educativos con un mismo objetivo para formar realmente ciudadanos que aporten a forjar un mundo lleno de armonía con sentido de un desarrollo sostenible. Al respecto, Melo (2017) aporta dentro de esta nueva concepción de educar de y para la vida, una herramienta muy esencial para los maestros y maestras pues dentro de rol como mediadores que utilizamos es el habla, pero no es cualquier habla, en otras palabras, es saber comunicar de manera asertiva utilizando el puente entre el discurso científico generalmente hermético, empaquetado- y el discurso cotidiano.
En ese sentido, la biopedagogía permite interactuar de una manera diferente utilizando un nuevo hablar con sensibilidad social y diplomacia, generando flexibilidad y adaptabilidad dentro de sistemas dinámicos, capaces de estar preparados frente a la incertidumbre, tomando decisiones según el contexto y la complejidad que cada ser humano tiene, para luego brindar las soluciones de manera articulada resignificando el valor de la vida, y la comprensión de cómo relacionarnos con el planeta.
Finalmente, considero que nosotros venimos a la vida a través del amor y es en esa esencia que debemos aprender y actuar. Somos amor, y es a través de la biopedagogía que nos ayuda a comprender al ser humano en su razón y su emoción. Cada ser humano es único y diferente, que tiene sus propias capacidades y habilidades. Por lo tanto, es necesario educar a favor de la vida y transformar el mundo, teniendo conciencia de sí mismo, en lo que somos, en nuestro autoaprendizaje, autoestima, para poder aprender a compartir y amar todo lo que nos rodea, porque el mundo en el que vivimos esta lleno de vida con una variedad de oportunidades para ser feliz.
BIBLIOGRAFÍA
Devia Cárdenas, J. A. (2018). LA BIOPEDAGOGÍA: Una mirada reflexiva en los procesos de aprendizaje. Praxis & Saber, 18. https://orcid.org/0000-0001-8497-0925
Medina Bejarano, R. (2017). Bioaprendizaje y educación intercultural. Sophia, 13(1), 47-54. https://doi.org/10.18634/sophiaj.13v.1i.686
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